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Resonancia Magnética

Cartografiando la extraversión en la anatomía cerebral

Unas científicas han cartografiado las similitudes y diferencias cerebrales entre dos tipos principales de personas extravertidas. La conducta de unas y otras es muy similar pero las intenciones muy distintas.

anatomía cerebral

Mediante una técnica de morfometría, las investigadoras detectaron los volúmenes de materia gris en distintas regiones del cerebro. Las marcadas en rojo están asociadas con volúmenes más grandes en personas que exhiben el rasgo de personalidad de la extraversión movida por la ambición. (Imagen: Laboratorio de Tara White / Universidad Brown)

Existen dos tipos básicos de extravertidos: las personas sociables que encuentran gratificante el mero hecho de compartir sus sentimientos y aficiones con otras, y las ambiciosas que solo se muestran muy sociales y simpáticas como un medio de ganarse a la gente y lograr escalar posiciones en una jerarquía o alcanzar algún otro objetivo para beneficio propio.

Tara White y Erica Grodin, de la Universidad Brown en Providence, Rhode Island, Estados Unidos, han hecho su análisis valiéndose de escaneos estructurales mediante imágenes obtenidas por resonancia magnética de 83 hombres y mujeres de edades comprendidas entre los 18 y los 54 años. Se le considera el primer estudio de este tipo en proporcionar pruebas de las similitudes y diferencias físicas cerebrales entre tipos de personas extravertidas durante toda la juventud y la edad mediana.

En un estudio anterior también se hicieron observaciones de esta clase, pero solo en personas mayores.

En el nuevo estudio, los sujetos fueron primero examinados respecto a su salud física y mental, y después fueron sometidos a tests estándar de personalidad en los que la puntuación obtenida permitió clasificarlos con arreglo a esos dos tipos principales de extraversión.

Los sujetos se sometieron después a los citados escaneos por resonancia magnética, diseñados para detectar el volumen de materia gris en diferentes regiones de su cerebro. Basándose en la literatura psicológica sobre la extraversión, White y Grodin sabían de antemano cuáles eran las regiones cerebrales de mayor interés para lo que querían examinar. Por ejemplo, una de ellas es la corteza orbitofrontal medial, que está implicada en la toma de decisiones con arreglo a una recompensa. Pero también examinaron todo el cerebro usando una técnica especial de morfometría.

Como se esperaba, encontraron que grados más elevados de un tipo u otro de extraversión se correlacionaban notablemente con volúmenes de materia gris más grandes tanto en la corteza orbitofrontal medial derecha como en la izquierda, incluso después de tener en cuenta posibles causas alternativas, como la edad.

Mediante una técnica de morfometría, las investigadoras detectaron los volúmenes de materia gris en distintas regiones del cerebro. Las marcadas en rojo están asociadas con volúmenes más grandes en personas que exhiben el rasgo de personalidad de la extraversión movida por la ambición. (Imagen: Laboratorio de Tara White / Universidad Brown).

Pero además, entre las personas con niveles más altos de la extraversión alimentada por la ambición, hallaron varias otras regiones que tenían volúmenes de materia gris significativamente más grandes: el giro parahipocámpico (implicado en el aprendizaje y la memoria relativa a la recompensa), el giro precentral, el giro cingulado, y el caudado (involucrado en el control cognitivo del comportamiento y la iniciación, planificación y ejecución de acciones voluntarias hacia objetivos); y, entre los hombres en el estudio, el núcleo accumbens (involucrado en el procesamiento de las sensaciones de recompensa y de motivación, y que responde a estímulos como la comida sabrosa, el sexo y las drogas).

Así que, si bien ambos tipos de extravertidos tenían volúmenes más grandes de materia gris en una región cerebral clave, los movidos por la ambición también los tenían en varias áreas adicionales.

Las autoras del estudio avisan de que los resultados de su investigación muestran tan solo una asociación, no que un volumen más grande de materia gris afecte a los rasgos de personalidad ni cómo se produciría ello. Los resultados tampoco aclaran cuándo se desarrollan esos volúmenes más grandes de materia gris, o sea si las personas nacen con ellos o los adquieren a medida que cultivan una de las dos tendencias de extraversión. Pero, con investigaciones adicionales, los nuevos datos podrían ayudar a los científicos a entender mejor los entresijos cerebrales de esas dos clases principales de extraversión.

Los resultados de este estudio se han publicado en la revista académica “Cognitive, Affective, & Behavioral Neuroscience”, editada por Springer.

Fuente: http://noticiasdelaciencia.com/

Nuestro cerebro está hecho para apreciar arte

Realizando mapeos de imagen por resonancia magnética, científicos en la Universidad de Toronto han develado aspectos por demás interesantes en torno al dialogo entre nuestra mente y las obras de arte. ¿Qué respuestas se desatan en el cerebro humano cuando se aprecia lo mejor que han dado los maestros de la pintura?

 cerebro

El estudio concluyó que el cerebro tiene una profunda respuesta que se refleja en áreas involucradas en procesos de reconocimiento visual y espacial (esto no maravilla a nadie); lo más sorprendente es que se activan zonas que se relacionan con emociones y cogniciones internalizadas.

La extensa investigación se realizó entre 2004 y 2012, y contó con la participación de 330 voluntarios procedentes de siete países. Los participantes fueron sometidos a un análisis de imagen por resonancia magnética funcional (IRMf), proceso que revela las áreas activas del cerebro midiendo el oxígeno en la sangre.

Los voluntarios observaron pinturas de diversas épocas, revelando las áreas del cerebro implicadas en la apreciación de la obra. Los resultados son inspiradores. Sabemos bien que nuestra especie ha tenido un gusto por la pintura desde el periodo neolítico, cuando los artistas anónimos dejaron su marca en las cuevas. Pero corroborarlo con la nitidez gráfica y racional que provee la ciencia no deja de ser emocionante.

El estudio concluye que al observar una pintura, se activa el giro fusiforme y el giro parahipocampal, áreas localizadas en la parte inferior del lóbulo temporal que se activan al reconocer objetos y lugares. También se involucran el giro cingulado y la corteza insular, dos áreas claves en la actividad cerebral del sistema límbico. Se les asocia con el procesamiento de emociones, pensamientos, aprendizaje y memoria. Esto confirma que cuando apreciamos una pintura no solo se activan las áreas encargadas de procesar información respecto al espacio, objetos e imágenes; también se implican áreas que forman parte de la biología de las emociones.

Para la apreciación y crítica de la pintura siempre entran en juego valoraciones subjetivas y objetivas, formales e informales; intuiciones más acercadas a lo visceral que a lo académico o estructural. De tal modo, queda comprobado científicamente que el arte siempre es un juego entre lo explicable y lo inasible, entre la epifanía y el desamor. Una sofisticada tensión de lo humano que ahora la ciencia nos invita a observar desde otro ángulo. El arte se siente por lo menos tanto como se piensa, y quizá por eso es una de las cualidades más vivas de la esencia humana.

Fuente: http://pijamasurf.com/

La resonancia magnética, alternativa a la biopsia para detectar el hígado graso

La resonancia magnética puede ser una alternativa menos invasiva y más barata que la biopsia hepática en el diagnóstico del hígado graso no alcohólico, una enfermedad causada por una acumulación de lípidos (grasas) en las células de ese órgano que afecta a un 30% de la población mundial.

higado graso

Así se ha constatado en un estudio realizado por investigadores españoles sobre el potencial de las imágenes de resonancia magnética para cuantificar y controlar la concentración hepática de triglicéridos en seres humanos, que ha sido publicado en la revista científica BMC Medicine.

La prevalencia del hígado graso es cada vez mayor en los países desarrollados debido a la obesidad y supone un factor de riesgo de padecer esteatohepatitis no alcohólica, cirrosis o cáncer.

El procedimiento más habitual para detectarlo es el estudio de los tejidos gracias a una biopsia durante la que se extrae una muestra de tejido, una técnica agresiva para el paciente.

El estudio, que incluyó a 129 personas adultas (97 de ellos obesos), de una media de 50 años, comparó los resultados obtenidos en mediciones de la cantidad de grasa obtenida en el hígado mediante tres métodos: resonancia magnética, biopsia y medición bioquímica de la concentración hepática de triglicéridos (método Folch).

Se comprobó que los datos obtenidos en la resonancia se correlacionaban positivamente con los de la biopsia y aun más con los del método Folch. Posteriormente, la fórmula se validó con éxito en 31 nuevos pacientes.

El estudio ha sido coordinado por los doctores Luis Bujanda, Raúl Jiménez-Agüero, José Ignacio Emparanza y Jesús Bañales, del Instituto de Investigación biodonostia y del Hospital Universitario Donostia, en colaboración con el doctor José María Añustizia del Servicio Osatek y Phiplips Cuidado de la Salud.

Fuente: www.heraldo.es