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Nuestro cerebro está hecho para apreciar arte

Realizando mapeos de imagen por resonancia magnética, científicos en la Universidad de Toronto han develado aspectos por demás interesantes en torno al dialogo entre nuestra mente y las obras de arte. ¿Qué respuestas se desatan en el cerebro humano cuando se aprecia lo mejor que han dado los maestros de la pintura?

 cerebro

El estudio concluyó que el cerebro tiene una profunda respuesta que se refleja en áreas involucradas en procesos de reconocimiento visual y espacial (esto no maravilla a nadie); lo más sorprendente es que se activan zonas que se relacionan con emociones y cogniciones internalizadas.

La extensa investigación se realizó entre 2004 y 2012, y contó con la participación de 330 voluntarios procedentes de siete países. Los participantes fueron sometidos a un análisis de imagen por resonancia magnética funcional (IRMf), proceso que revela las áreas activas del cerebro midiendo el oxígeno en la sangre.

Los voluntarios observaron pinturas de diversas épocas, revelando las áreas del cerebro implicadas en la apreciación de la obra. Los resultados son inspiradores. Sabemos bien que nuestra especie ha tenido un gusto por la pintura desde el periodo neolítico, cuando los artistas anónimos dejaron su marca en las cuevas. Pero corroborarlo con la nitidez gráfica y racional que provee la ciencia no deja de ser emocionante.

El estudio concluye que al observar una pintura, se activa el giro fusiforme y el giro parahipocampal, áreas localizadas en la parte inferior del lóbulo temporal que se activan al reconocer objetos y lugares. También se involucran el giro cingulado y la corteza insular, dos áreas claves en la actividad cerebral del sistema límbico. Se les asocia con el procesamiento de emociones, pensamientos, aprendizaje y memoria. Esto confirma que cuando apreciamos una pintura no solo se activan las áreas encargadas de procesar información respecto al espacio, objetos e imágenes; también se implican áreas que forman parte de la biología de las emociones.

Para la apreciación y crítica de la pintura siempre entran en juego valoraciones subjetivas y objetivas, formales e informales; intuiciones más acercadas a lo visceral que a lo académico o estructural. De tal modo, queda comprobado científicamente que el arte siempre es un juego entre lo explicable y lo inasible, entre la epifanía y el desamor. Una sofisticada tensión de lo humano que ahora la ciencia nos invita a observar desde otro ángulo. El arte se siente por lo menos tanto como se piensa, y quizá por eso es una de las cualidades más vivas de la esencia humana.

Fuente: http://pijamasurf.com/

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