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El sedentarismo, ¿más grave que el sobrepeso?

Recientemente han sido publicados varios trabajos provenientes de los más acreditados centros de investigación en el mundo que demuestran, una vez más, que la pandemia de sedentarismo es aún tan preocupante o más que el fenómeno de sobrepeso y obesidad.

sedentarismo

Al observar el evidente aumento de las enfermedades crónicas, en su gran mayoría asociadas a la coexistencia de sobrepeso, sedentarismo, hipertensión y trastornos metabólicos como niveles elevados de colesterol, triglicéridos y glicemia, resulta difícil discriminar cuáles son realmente los factores de riesgo de mayor prioridad.

El conocido “síndrome metabólico”, “síndrome x” o “cuarteto de la muerte” ha permitido agrupar estas alteraciones cardiovasculares y metabólicas que aumentan el riesgo de diabetes tipo dos, así como el riesgo de padecer eventos graves como infartos o accidentes cerebrovasculares. Todo este “combo” o “paquete de riesgo” se ha relacionado fundamentalmente con el sobrepeso, en especial con el acúmulo de grasa abdominal.

Sin embargo, muchos estudios han podido demostrar que algunos individuos con el mismo grado de sobrepeso y grasa abdominal pueden tener menor riesgo de eventos cardiovasculares y diabetes, gracias a sus buenos niveles de actividad física. Más aún, individuos delgados aparentemente sanos pueden tener hasta el doble de riesgo de morir que personas con sobrepeso, pero con muy buena actividad y condición física.

Aunque lo usual es que las personas delgadas sean más activas que las personas con sobrepeso, esta asociación no es constante, pues no incluye la gran variabilidad en la ingesta calórica diaria. Podemos engordarnos con 1.500 kcal, si tan solo gastamos 1.400, o podemos bajar de peso comiendo 3.000 kcal si gastamos 3.100 cada día.

Pero la aclaración más importante para la salud pública es que el centro y la prioridad de los esfuerzos en salud, para la prevención de enfermedades crónicas, debe ser el aumento, por todos los medios, de los niveles de actividad y condición física de la población. El balance costo/beneficio de esta intervención ha demostrado que por cada dólar invertido en promoción de actividad física en el mundo, se pueden recuperar hasta tres dólares en salud.

El sobrepeso es una de las muchas consecuencias del sedentarismo, pero no la única ni la más importante. El sedentarismo altera todo el funcionamiento del cuerpo, la regulación neuroendocrina, los sistemas cardiopulmonar y musculoesquelético. A los pocos días de estar inactivos aparecen la resistencia a la insulina, la atrofia neuro-muscular y el deterioro en la circulación arterial, capilar y venosa, así como la función inmunológica. Es hora de reorientar nuestros esfuerzos hacia la prevención de los verdaderos factores de riesgo para enfermedades crónicas.

Fuente: www.elespectador.com

El factor de riesgo cardíaco menos pensado

Que el tabaquismo, llevar una vida sedentaria o la obesidad son causales de enfermedad cardiovascular no es novedad. Lo que se desconoce, o no se considera demasiado, es que el enojo está dentro de lo que más afecta la salud del corazón.

estres

Hipertensión, diabetes, colesterol elevado, sedentarismo, tabaquismo, herencia genética, obesidad, hábitos poco saludables de vida… Hasta ahí, los factores más o menos conocidos por todos que pueden desencadenar un infarto agudo de miocardio.

Ahora bien, si alguien le sugiriera que vivir malhumorado o ser fácilmente “enojable” es otra de las causas que más afecta al corazón, y hasta puede producir un envejecimiento 3 mil veces más rápido de lo normal. ¿No pensaría dos veces antes de montar en cólera por motivos que bien serían evitables?

Así las cosas, estar de mal humor se suma a los factores de riesgo conocidos por todos y toma relevancia entre lo que hay que controlar si de cuidar el corazón se trata.

Las enfermedades cardiovasculares continúan siendo la primera causa de muerte en el mundo, tanto en hombres como en mujeres, por encima del cáncer. Según la Organización Panamericana de la Salud (OPS) en las Américas las enfermedades cardiovasculares provocan 1,9 millones de muertes al año; el cáncer, 1,1 millones; la diabetes, 260.000; y las enfermedades respiratorias crónicas, 240.000. Todas ellas comparten factores de riesgo como la obesidad, la inactividad física, el tabaquismo y la dieta no saludable, entre otros.

Pero, ¿qué pasa en nuestro cuerpo cuando nos enojamos?

El corazón bombea sangre con mayor rapidez y la envía a los músculos del cuerpo en caso de que haya que correr o defenderse.

-Se crean más plaquetas y se pone en marcha el sistema inmunológico por si hay alguna herida en el cuerpo.

-Se siente fatiga y hambre.

-Las células cargadas de los lípidos liberan grasa en el flujo sanguíneo, deteriorando las arterias. La grasa acumulada se convierte en colesterol malo.

El enojo es una emoción totalmente normal y hasta sana, cuando no sucede con demasiada frecuencia, pero en exceso es altamente perjudicial para la salud del corazón. Además de aumentar el riesgo de infarto cardíaco, también puede producir ataques cerebrales, depresión y Alzheimer.

 Algunos hábitos que conviene modificar

Vivir más tranquilos: hacer pequeños cortes en la rutina y descansar 8 horas.

Llevar una dieta sana: comer más frutas y verduras, limitar el consumo de sal, evitar las grasas trans, los azúcares y el tabaco.

Hacer ejercicio: se recomienda hacer ejercicio aeróbico al menos 3 veces a la semana.

Reírse más y enamorarse: Los momentos de felicidad, la risa y en especial el enamoramiento, producen más “micro-reparadores” y “micro-rejuvenecedores” que mejoran el nivel de vida.

Fuente: www.misionesonline.net