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La apnea y la obesidad, entre las enfermedades que aumentan el riesgo de sufrir cáncer

El  pasado 4 de febrero se celebró el Día Mundial del Cáncer, una enfermedad con una elevada prevalencia y mortalidad cuyo riesgo de padecerla puede estar relacionado con diferentes enfermedades como la apnea del sueño, la obesidad o trastornos neurodegenerativos.

apneaAsí se desprende de las diferentes investigaciones realizadas por los centros de Investigación Biomédica en Red (CIBER), dependientes del Instituto de Salud Carlos III, que buscan factores de riesgo y nuevas terapias innovadoras frente a diferentes tumores.

De este modo, el CIBERES, centrado en el área de Enfermedades Respiratorias, ha publicado durante 2014 tres artículos que relacionan el síndrome de apnea obstructiva del sueño con el cáncer.

En uno de ellos, se han estudiado más de 4.000 pacientes durante 4,5 años y se ha observado una clara asociación entre la apnea y la mortalidad por cáncer, particularmente en pacientes jóvenes. Y otro estudio multicéntrico español demuestra que hay una clara asociación entre la severidad del melanoma cutáneo y la gravedad de la apnea.

Asimismo, una investigación realizada en colaboración con la Universidad de Chicago ha mostrado que, en un modelo animal de cáncer, la falta de oxígeno en sangre (hipoxia) intermitente asociada a la apnea produce un aumento del crecimiento tumoral relacionado con la actividad del sistema inmune.

Por su parte, un trabajo del Ciber de Fisiopatología de la Obesidad y Nutrición (CIBEROBN) ha evidenciado en un reciente estudio que el 38,4 por ciento de las mujeres diagnosticadas de cáncer de mama presentaban obesidad, un porcentaje mayor que el del conjunto de la población femenina española (el 15,7%) en el 2006, cuando fueron diagnosticadas las pacientes estudiadas.

Estos resultados junto con otros datos observados en otras poblaciones europeas y americanas revelan que la obesidad es un factor de riesgo importante en el cáncer de mama y en otros numerosos tipos de cáncer.

Por tanto, dado el incremento exponencial en la prevalencia de la obesidad que no presenta signos de ser combatida a corto plazo, desde el CIBEROBN se trabaja en la búsqueda de los posibles mecanismos moleculares por los cuales la obesidad incrementa la aparición de cáncer y en encontrar terapias que permitan prevenir el desarrollo de tumores en las personas con exceso de peso.

Y si la apnea o la obesidad aumentan el riesgo de cáncer, el trabajo del Ciber de Salud Mental, el CIBERSAM, ha detectado que hay enfermedades neurodegenerativas que pueden reducir la probabilidad de que aparezca.

Su trabajo se centra en enfermedades del cerebro y del sistema nervioso como la enfermedad de Alzheimer, la enfermedad de Parkinson, la esclerosis lateral amiotrófica, la enfermedad de Huntington, la esclerosis múltiple, el síndrome de Down, la esquizofrenia y los trastornos del espectro autista.

Y varios de sus grupos han demostrado que la presencia de determinadas enfermedades del cerebro y del sistema nervioso, especialmente las que tienen un componente neurodegenerativo, está asociada a la disminución del riesgo a sufrir cáncer.

El ejemplo más llamativo es el de la enfermedad de Alzheimer, en la que los investigadores encuentran una reducción significativa del 50 por ciento del riesgo de cáncer. Los autores consideran que deben existir factores diversos que expliquen este efecto protector como los estilos de vida, la medicación o los genéticos.

Por otro lado, el Ciber de Enfermedades Hepáticas y Digestivas (CIBEREHD) realiza investigaciones en cáncer gastrointestinal, como los proyectos cooperativos de cribado de cáncer colorectal, y los de desarrollo de biomarcadores para su detección precoz y su predicción genética.

En cáncer hepático, investigadores de este grupo lideran estudios multicéntricos para su caracterización genética con el desarrollo de firmas moleculares (conjunto de los genes alterados) que permiten valorar el riesgo de desarrollar cáncer así como vincular estas anomalías al pronóstico y al tratamiento.

Asimismo, están evaluando estrategias de tratamiento de cáncer hepático en fase avanzada, y han contribuido a refinar y optimizar tanto los modelos de decisión en la práctica clínica habitual como las mejores terapias a aplicar en las diferentes etapas de esta enfermedad.

Del mismo modo, el proyecto NANOMETS, del Ciber de Bioingeniería, Biomateriales y Nanomedicina (CIBER-BBN) ha conseguido unir un medicamento quimioterápico a una nanopartícula diseñada a propósito para este uso mediante técnicas de nanoingeniería.

Este conjunto es capaz de introducirse en las células que son responsables de originar metástasis gracias a que puede reconocer un receptor específico. De este modo, lleva el fármaco antitumoral hasta el tejido que se pretende tratar. Los experimentos realizados en un modelo animal de cáncer colorrectal han conseguido detener el desarrollo de metástasis.

Fuente: www.canarias7.es

¿Heredamos la gordura de nuestros padres?

REDACCIÓN INTERNACIONAL.- El sobrepeso y la obesidad ha incrementado el riesgo de dos tipos de diabetes, enfermedades al corazón, presión alta e incluso algunos tipos de cáncer.

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Muchas veces pensamos que la dieta y el estilo de vida son las principales causas de subir de peso, pero ¿y si en realidad es hereditario?

Si tus padres tienen sobrepeso, ¿estás destinado a ser gordo tú también? Tus kilos de más, ¿se deben a tus malos hábitos alimenticios o a tus genes?

Todo un instinto

Los genes que nos hacen desear la comida o que nos ayudan a guardar energía fueron pasados de generación en generación y mantuvieron a nuestros ancestros vivos.

Ellos no tenían acceso confiable a suficiente comida. Por ello, evolucionamos con la costumbre de buscar activamente comida y comer lo más posible cada vez que tenemos la oportunidad.

Ahora, por primera vez en la larga historia de la evolución de nuestra especie, muchos de nosotros vivimos en un ambiente donde hay demasiada comida.

Nos gustaría pensar que tenemos supremo control sobre nuestras necesidades, pero el impulso de consumir comida es un instinto muy poderoso y primitivo.

Se podría argumentar que el sobrepeso de hoy es una respuesta natural –incluso altamente evolucionada- a nuestro ambiente.
Gordura: ¿culpa de nuestros genes?

Las dietas son hoy un gran negocio. Pero, ¿importa realmente lo que comemos si, al final, somos simplemente el producto de nuestros genes?

Un gen es parte importante del código biológico del que estamos hechos. La mitad de nuestros genes vienen de nuestra madre. La otra mitad, de nuestro padre.

El primer gen susceptible a la obesidad se denomina FTO (gen de materia grasa y obesidad asociada, según sus siglas en inglés). Este gen es el que tiene el mayor efecto sobre el índice de masa corporal (IMC) de todos los genes conocidos. Este incrementa el antojo por los alimentos más grasosos.
Tenemos alrededor de 24 mil genes, pero si heredas dos copias del FTO –una de cada padre- tienes 50% más probabilidad de tener sobrepeso.

Más de 75 genes o grupos genéticos que afectan la obesidad han sido ahora identificados, incluyendo el FTO.

Estos tienen un efecto poderoso sobre nuestros hábitos alimenticios y cuán fácilmente acumulamos grasa. Pueden también afectar nuestro metabolismo y apetito de varias maneras.

Naturaleza versus estilo de vida

  • No sólo heredamos genes de nuestros padres.
  • Comer de manera saludable comienza en el seno de la familia. Los malos hábitos, como bocadillos tarde en la noche, pueden ser pasados a los hijos. Esto deriva en malas decisiones a la hora de comer y, como consecuencia, sobrepeso.

¿Cómo puede afectar el cansancio nuestras decisiones sobre qué tipo de comida comprar?

  • Un experimento demostró que un grupo de personas que habían sido privadas de sueño compraban alimentos por casi el doble de calorías que un grupo con el mismo monto de dinero, pero que había dormido las horas necesarias.

¿Podemos ganarle a los genes?

  • Si tienes genes con predisposición a la obesidad y al antojo por comida poco saludable, no puedes cambiarlos, pero sí hacer un esfuerzo por no dejarlos dictar pauta en tu vida.
  • Sólo necesitas esforzarte en limitar tu ingesta de comida y controlar tu peso.
  • Mantener un peso saludable es posible, incluso para gente con dos genes FTO.
  • Se puede moderar el impacto de los genes a través de buenos hábitos. Algunos de estos hábitos son costumbres de familias.
  • Se pueden determinar pasos prácticos para reducir la disponibilidad de comidas ricas en grasa o azúcar en el hogar.
  • También tomarse más tiempo para las comidas familiares, todos juntos, implica que te sentirás más lleno habiendo comido menos y habiendo pensado qué es lo que comiste.
  • Nuestros genes podrán ser heredados, pero nuestros hábitos son aprendidos y podemos mejorarlos.

Fuente: BBC Mundo

¿Sabías que el azúcar es más dañino que la obesidad?

Los médicos y la sociedad vienen prestando mucha atención al problema de la obesidad, pero nuevos estudios revelen que el problema más grave es el azúcar, que causa enfermedades cardíacas, diabetes y enfermedades del hígado, siendo uno de los productos más peligrosos el jarabe de maíz.

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Un examen que consta de 8000 análisis médicos revela por qué el consumo excesivo de azúcar es un problema aún más grave de lo que se creía. El azúcar provoca el agravamiento de los casos de esteatosis hepática, de enfermedades cardíacas y de diabetes de segundo tipo. Y no parece ser tanto la obesidad, como el azúcar lo que incrementa dramáticamente los trastornos metabólicos, según el estudio del proyecto científico, SugarScience, citado por la revista ‘Medical Express’.

El problema reside en que los azúcares adicionales, que se presentan bajo 60 nombres diferentes, no están presentes nunca en productos naturales, pero se encuentran en un 74 % de los alimentos envasados. Uno de los productos más peligrosos es el jarabe de maíz, que por su bajo precio se añade a cualquier tipo de alimentos y es “tóxico para el cuerpo” y “causa crisis serias de salud”, según Dean Schillinger, profesor de medicina en la Universidad de California en San Francisco (EE.UU).

Hasta un 36 % de azúcares adicionales se consumen a través de diferentes bebidas que no contienen ninguna fibra, y por eso son procesados rápidamente por el organismo. El organismo “envía” al páncreas y al hígado más azúcares de este tipo de los que pueden procesar, y la acumulación de azúcar deriva en dichas enfermedades.

Demasiado azúcar en el organismo aumenta también el nivel de glucosa en la sangre, que a su vez hace que el páncreas produzca altos niveles de insulina, siendo la insulina la que hace que el cuerpo almacene más calorías en forma de grasa.

Otro efecto negativo es el efecto de la insulina en la leptina, la hormona que le “dice” al cerebro cuándo hay que dejar de comer. Una cantidad excesiva de azúcar propicia que el cerebro ya no reciba más estas señales.

Fuente: http://93.190.24.12/

Obesidad y cáncer, una relación muy estrecha

El 30% de los fallecimientos se puede evitar con un estilo de vida saludable.

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Por: Muñoz. Madrid

Los números hablan por sí solos y los especialistas dan la voz de alarma: el exceso de peso está implicado entre el 15 y el 20 por ciento de las muertes por cáncer. De hecho, el 30 por ciento de esos fallecimientos se podrían evitar con hábitos de vida saludable. Así se puso de manifiesto en el Día de la Lucha contra la Obesidad en España con el lema «Prevenir la obesidad previene el cáncer». Organizada por la Sociedad Española para el Estudio de la Obesidad (Seedo), la Sociedad Española de Endocrinología y Nutrición (SEEN) y la Sociedad Española de Oncología Médica (SEOM), la efeméride coincide con una extensa revisión científica que vincula de forma directa dos problemas de salud pública de elevadas proporciones: el sobrepeso y/u obesidad y el cáncer. Los efectos de la comorbilidad son manifiestos y urge poner freno a la epidemia del siglo XXI porque, según las sociedades científicas implicadas, «en una década su influencia será superior a los efectos del tabaco».

Peor pronóstico

El exceso de peso en el momento del diagnóstico se ha relacionado también con un peor pronóstico. Por ejemplo, en el cáncer de mama diagnosticado antes de la menopausia, las mujeres obesas presentan un incremento de la mortalidad del 75 por ciento en comparación con las mujeres con un peso normal en el momento del diagnóstico. Y en los hombres, la obesidad puede ser un factor de riesgo asociado a un tipo de cáncer de próstata más agresivo, y con mayor probabilidad de tener una enfermedad más extendida en el momento del diagnóstico. «Los datos disponibles apuntan a que la obesidad es un factor de peor pronóstico también en otros tipos de neoplasias, e incluso que cuando una persona ha superado con éxito una primera enfermedad neoplásica, al ser obesa, tiene mayor número de probabilidades no sólo de recidivar, sino también de desarrollar un segundo proceso neoformativo en una localización distinta a la primera”, apunta el doctor Pedro Pérez Segura, coordinador del Grupo de Trabajo SEOM de Prevención y Diagnóstico Precoz.

A juicio de los especialistas de la Seedo y SEOM «aún queda mucho por investigar en la relación entre dieta y cáncer, pero es un hecho probado que determinados nutrientes funcionan de escudo protector contra numerosas enfermedades oncológicas y otros, sin embargo, favorecen su desarrollo o dificultan su tratamiento».

Medidas

De forma general, puede aconsejarse la reducción en el consumo de carnes rojas y el incremento de fibra cereal (productos integrales). Asimismo, debería incrementarse la ingesta de alimentos con capacidad antioxidante, como las verduras de hoja (coles, brócoli), las verduras y frutas anaranjadas y rojas (tomates, zanahorias, albaricoques, melocotones, frutos del bosque y granada) y otros como el ajo, la cebolla, el puerro, las especias y hierbas aromáticas, té, vino, uvas, frutos secos, aceite de oliva virgen, etc. En suma, alimentos que conforman el patrón alimentario de la Dieta Mediterránea que, según fuentes del Grupo Español de Investigación en Cáncer de Mama (Geicam), «podría reducir hasta un 30 por ciento el riesgo de desarrollar cáncer de mama».

«Lo que están todavía por descubrir cuáles son los mecanismos que intervienen en el incremento del riesgo de cáncer de personas obesas», según explica Manuel Puig Domingo, presidente de la SEEN, a la vez que indica que «uno de ellos podrían ser fenómenos de tipo epigenético, esto es, modificaciones de genes importantes en el desarrollo de cáncer, que podrían conducir a una mayor actividad de los mismos y a una mayor frecuencia y agresividad de dichos cánceres». La figura del profesional de la alimentación cobra un especial relevancia a la hora de ayudar a la población a mantener unos correctos hábitos alimentarios. Precisamente, con motivo del primer Día Mundial del Dietista-Nutricionista, la presidenta del consejo general, Alma Palau afirma que «una alimentación saludable, ejercicio físico y vida sin tabaco, son la combinación perfecta para prevenir hasta un 70 por ciento de la aparición de los casos de cáncer».

Durante la enfermedad

Tan importante es la alimentación para prevenir el cáncer como para sobrellevar la enfermedad. En este sentido, Patricia Sorribes, jefe de la Unidad de Nutrición y Dietética en el Consorcio Hospitalario Provincial de Castellón, asegura que «realmente no existe ningún alimento, ninguna dieta, ningún suplemento ni ninguna hierba que cure el cáncer. Son todo terapias que pueden complementar la terapia convencional, y ayudar a paliar los efectos adversos del propio tratamiento, pero no los curan nunca». Con todo, Sorribes asegura que «la alimentación y el soporte nutricional en estos casos es básica, porque los efectos secundarios de la quimioterapia van a alterar enormemente las necesidades energéticas del paciente, al igual que las necesidades de proteínas, lípidos y vitaminas».

La alimentación puede ser un factor de riesgo o de prevención, pero no tiene la capacidad para producir cáncer ni para curarlo. De momento, la evidencia científica al respecto señala que el consumo de bebidas alcohólicas, carnes rojas y procesadas, fast-food, sazonados con mucha sal, quemados o ligeramente carbonizados, el aceite de la freidora muy usado pueden incrementar el riesgo de padecer algunos tipos de cáncer. Lo mismo sucede con un estilo de vida sedentario con ausencia de actividad física y un patrón de alimentación muy energético y un alto consumo de azúcares.

Fuente: www.larazon.es

La alteración de las bacterias intestinales en la infancia podría causar obesidad en la madurez

La alteración de las bacterias intestinales por antibióticos en la infancia podría causar cambios metabólicos en la edad adulta que aumentarían el riesgo de sufrir obesidad.

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Algunos microbios presentes en el intestino protegen contra la obesidad y la diabetes. Según un estudio publicado en la revista Cell, estos microbios forman parte del metabolismo, por lo que su alteración por el consumo de antibióticos durante la infancia podría incrementar el riesgo de sufrir obesidad en la edad adulta. Este descubrimiento se ha desarrollado en ratones y está ayudando a los científicos a reconocer qué bacterias son fundamentales para la salud metabólica, un avance que puede salvar vidas, ya que podría contribuir a restaurar los niveles de microbios beneficiosos en los niños que hayan tomado antibióticos.

Desde el nacimiento, los microbios se encuentran en el intestino y la eliminación de éstos con antibióticos en una edad temprana puede tener efectos en el peso en la edad adulta. Según el principal autor del estudio, Martin Blaser del NYU Langone Medical Center, en Estados Unidos, “esto pone de manifiesto la necesidad de un uso responsable de los antibióticos durante la niñez en la práctica clínica “.

Este fenómeno se lleva advirtiendo en la ganadería desde hace décadas, ya que para aumentar el peso de los animales se utilizan pequeñas dosis de antibióticos. Blaser y su equipo pretenden descubrir el tiempo y la duración exacta en que la exposición a los antibióticos podría causar estos cambios metabólicos, de la misma forma que quieren identificar qué bacterias protegen contra los efectos potencialmente perjudiciales.

Nuevos estudios de seguimiento

Para desarrollar la investigación, los científicos suministraron a dos grupos de ratones, a crías y a madres antes de dar a luz, durante un largo periodo de tiempo penicilina en pequeñas dosis . En el primer conjunto se administró este antibiótico a ratones de cuatro semanas después del destete y en segundo lugar a las madres poco antes de parir. La exposición temprana a la penicilina llevo a una mayor obesidad en la edad adulta, así como una peor salud metabólica, sobre todo en los machos. Asimismo, también se redujeron los niveles de bacterias protectoras. En el otro experimento, se pudo observar que la exposición al medicamento durante cuatro semanas antes del nacimiento fue suficiente para desarrollar obesidad la cual se prolongó después del tratamiento con penicilina.

La conclusión fue que los microbios intestinales alterados por antibióticos causaron estos cambios metabólicos. Por ello, los investigadores están realizando estudios de seguimiento para conocer si se puede prevenir la obesidad tras la ingesta de antibióticos contra las bacterias.

Fuente: www.dmedicina.com

Mujer y accidente cerebrovascular (ictus)

El ictus, lesión en el cerebro u otras estructuras dentro del cráneo por obstrucción o rotura arterial, constituye un importante problema de salud siendo la quinta causa de muerte en los hombres y la tercera causa de muerte en las mujeres en la mayoría de los países de nuestro entorno. Aunque el número de casos de ictus está disminuyendo, gracias a la mejora en la prevención y tratamiento de los principales factores de riesgo cardiovascular (obesidad, diabetes, hipertensión, tabaquismo e hipercolesterolemia) y la mejora en la implantación de hábitos de vida más saludables, esta mejoría se ha podido constatar que es menor en las mujeres.

Mujer Ictus

Importantes estudios epidemiológicos muestran que las mujeres tienen un riesgo mayor que los hombres de presentar un accidente vascular a lo largo de la vida. Las mujeres viven más años que los hombres, con el consiguiente aumento del riesgo de sufrir ictus, y que éstos sean más severos dejando secuelas más incapacitantes. Por otra parte, a medida que aumenta la edad las mujeres tienen más probabilidades de vivir solas, sin cuidadores que puedan atenderlas, generando una mayor dependencia y, en muchos casos, necesidad de institucionalización, con el consiguiente deterioro de la calidad de vida y aumento de los costes sociosanitarios, ya de por si elevados en este tipo de procesos.

Las mujeres comparten con los hombres los mismos riesgos que conducen a un ictus pero deben sumarle otros relacionados con el sexo. Así, la utilización de tratamientos hormonales, como anticonceptivos orales o suplementos hormonales en la menopausia, la salud reproductiva y el embarazo (más si se asocia a preeclampsia), aumentan este riesgo. Y, además, existen otras condiciones clínicas que también lo aumentan y son más frecuentes en las mujeres, como son la migraña con aura, obesidad, síndrome metabólico o fibrilación auricular.

 Fuente:

Jesús Castillo

Coordinador del Grupo de Trabajo de Neurología de la semFYC

Los adolescentes obesos tienen riesgo cáncer

España

La obesidad y la inflamación en la adolescencia tardía se asocian con un mayor riesgo de cáncer de colon y rectal en la adultez, sugiere un nuevo estudio de hombres suecos.

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El estudio de 35 años de duración halló que los hombres de 16 a 20 años de edad que eran obesos tenían un riesgo de más del doble de contraer cáncer de colon o rectal en comparación con los adolescentes de peso normal.

Y los adolescentes con unos niveles altos de inflamación experimentaban un aumento del 63% en el riesgo de contraer cáncer colorrectal, frente a los que tenían unos niveles bajos de inflamación, hallaron los investigadores.

“Estos resultados son importantes porque sabemos relativamente poco sobre el rol de las exposiciones en la juventud en el desarrollo del cáncer de colon”, apuntó la investigadora líder, Elizabeth Kantor, investigadora postdoctoral del departamento de epidemiología de la Facultad de Salud Pública de la Universidad de Harvard, en Boston.

Pero Kantor dijo que este estudio no prueba que la obesidad y la inflamación en la adolescencia provocaran el aumento en el riesgo de cáncer colorrectal.

“Hablamos de asociaciones y no podemos decir si son causales o no”, explicó. “Por ese motivo, creo que es importante tener cuidado con las conclusiones del estudio”, añadió.

Por un lado, no se sabía nada sobre las dietas de los chicos estudiados, anotaron los investigadores.

Se cree que la obesidad es una causa de inflamación, que se ha asociado con un mayor riesgo de varios cánceres, según la Sociedad Americana Contra El Cáncer (American Cancer Society).

Los resultados del estudio se presentaron el pasado lunes en una reunión de la Asociación Americana para la Investigación del Cáncer (American Association for Cancer Research), en Nueva Orleans.

El doctgor Andrew Chan, profesor asociado del departamento de medicina de la Facultad de Medicina de la Universidad de Harvard, dijo que hay “evidencias generalizadas” de que la obesidad es un factor de riesgo del cáncer de colon.

Pero no está claro en qué momento es la obesidad más importante señaló. “Sabemos que el desarrollo del cáncer de colon tarda muchos años. Así que es importante comprender si lo que más influye es la obesidad a principios de la vida o más tarde”, planteó Chan.

Kantor se mostró de acuerdo en que se necesita más trabajo para determinar cómo la obesidad y la inflamación podrían influir sobre el riesgo de cáncer colorrectal en distintas etapas de la vida.

Para el estudio, el equipo de Kantor analizó datos sobre casi 240,000 hombres suecos que hicieron el servicio militar entre 1969 y 1976 entre los 16 y los 20 años de edad.

Cuando comenzaron en el ejército, los hombres se sometieron a análisis de sangre para medir la inflamación en el cuerpo, y se registró su estatura y su peso.

Para identificar a los hombres con cáncer colorrectal en este grupo, los investigadores vincularon los expedientes del servicio militar con un registro nacional de cáncer. Para principios de 2010, los investigadores hallaron que 501 hombres habían contraído cáncer de colon y 384 habían contraído cáncer rectal.

La obesidad se asoció con un riesgo 2.37 veces más elevado de contraer cáncer colorrectal, apuntaron los investigadores.

Al Dr. David Katz, director del Centro de Investigación en Prevención de la Universidad de Yale, los hallazgos no le sorprendieron. “Hace mucho que sabemos que la obesidad se asocia con un mayor riesgo de casi todos los cánceres, y la obesidad se asocia con la inflamación”, comentó.

Establecer unos patrones saludables de alimentación y actividad física en la niñez es esencial, enfatizó. “Un estilo de vida saludable es la mejor defensa que tenemos contra la obesidad, la inflamación, y los peligros que auguran durante toda la vida”, señaló.

Los datos y conclusiones presentados en reuniones normalmente son considerados como preliminares hasta que se publiquen en una revista médica revisada por profesionales.

 

Fuente: www.laprensa.hn

 

 

 

Un estudio determina que la resonancia magnética ayuda a detectar y cuantificar la grasa en el hígado

Liver

La obesidad y el sobrepeso afectan a más de la mitad de personas en nuestra comunidad. El exceso de peso produce importantes alteraciones en el organismo, una de ellas afecta al funcionamiento hepático. La grasa que se acumula en el hígado produce esteatosis hepática que en determinadas circunstancias produce inflamación, fibrosis y finalmente, cirrosis. Hasta ahora, el método más fiable para la determinación de grasa hepática era la biopsia hepática. Las técnicas de imagen como ecografía abdominal la detectan pero son menos precisas para determinar la cantidad de grasa.

 Pero un estudio llevado a cabo por el grupo de investigación liderado por Luis Bujanda profesor de Medicina de la UPV/EHU, en España, y responsable del Área de Investigación de Enfermedades Hepáticas y Gastrointestinales del IIS Biodonostia, ha determinado cómo la resonancia magnética es un buen método para detectar grasas en el hígado y cuantificarla, incluso superior a la biopsia hepática.

El trabajo ha sido publicado en la revista BMC Medicine, una de las revistas más importantes de la especialidad y ha estado coordinado por los doctores Jesús Bañales, del IIS Biodonostia, y Raúl Jimenez, del Departamento de Cirugía, Radiología y Medicina Física de la Facultad de Medicina y Odontología de la UPV/EHU.

 Así mismo el estudio ha contado con la participación de investigadores del Departamento de Nutrición y Ciencias de los Alimentos de la Facultad de Farmacia de la UPV/EHU, de los Servicios de Cirugía, Aparato Digestivo y Anatomía Patológica del Hospital Universitario Donostia junto con Osatek.

 La investigación se ha llevado a cabo en 97 pacientes obesos y 32 pacientes con otras patologías hepáticas sometidos a cirugía. Se midió la cantidad de grasa en el hígado comparando tres métodos diferentes; la resonancia magnética, la biopsia hepática y la determinación bioquímica de grasa mediante el método de Folch. A los pacientes se les realizó una resonancia magnética el día anterior a la cirugía y se obtuvo una muestra del hígado durante la intervención quirúrgica.

“La resonancia magnética es una técnica muy útil para determinar la presencia o no de grasa en el hígado, la cantidad de la misma y para valorar la eficacia de los tratamientos aplicados a lo largo del tiempo. Es posible que en el futuro nos permita determinar, además de la grasa, el grado de inflamación y la fibrosis hepática”, afirma Jesús Bañales, investigador del IIS Biodonostia.

 El artículo ratifica un trabajo previo realizado en animales publicado por el mismo grupo de investigación hace un año en el que se observó cómo la cuantificación de la grasa hepática era muy precisa mediante la realización de resonancia magnética.

(Fuente: UPV/EHU)